Bill Gates advierte sobre el impacto de la IA en el empleo. El reto va más allá de la pérdida de puestos: también afecta la formación de los profesionales del futuro.

☕ TECHLATTE: IDEAS CON ESPUMA

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Durante años imaginamos el peligro de la inteligencia artificial como algo cinematográfico.

Máquinas fuera de control. Sistemas autónomos. Ciberataques. Robots tomando decisiones.

Pero quizá el verdadero escenario inquietante sea mucho menos espectacular.

Una empresa descubre que puede operar mejor, más rápido y más barato con menos personas.

Y después otra.

Y después miles.

Eso es parte de lo que Bill Gates acaba de poner sobre la mesa.

El problema no sería perder un empleo

Sería descubrir que ese empleo ya no necesita existir como antes.

En su ensayo The turbulent AI era is here. The choices we make now are critical, Gates advierte que la transición hacia una economía impulsada por IA puede ser especialmente turbulenta porque esta vez no estamos automatizando solamente trabajo físico.

Estamos automatizando trabajo cognitivo.

Análisis. Atención al cliente. Programación. Finanzas. Derecho. Administración. Ventas.

Y los primeros en sentirlo podrían ser los trabajadores junior y de nivel medio.

Ahí aparece uno de los riesgos menos discutidos.

Si una empresa automatiza las tareas que antes hacía un profesional joven, desaparece algo más que una vacante.

Desaparece un escalón de aprendizaje.

¿De dónde saldrán los seniors del futuro si cada vez necesitamos menos juniors?

“Human Reserved”

Gates propone incluso empezar a discutir actividades reservadas para seres humanos.

No porque una IA sea incapaz de realizarlas.

Precisamente lo contrario.

Porque podría llegar a hacerlas demasiado bien.

Él menciona, entre otros ejemplos, el cuidado de personas y la comunicación de un diagnóstico grave. Si extendemos esa idea a otras decisiones de alto impacto, también habría que debatir la intervención humana en:

La contratación.

La evaluación de créditos.

Las decisiones jurídicas.

Los tratamientos médicos.

La pregunta deja de ser:

¿Puede hacerlo una IA?

Y pasa a ser:

¿Queremos permitir que lo haga sin una persona responsable detrás?

El incentivo económico puede ser brutal

Aquí aparece el punto más incómodo.

Las personas cuestan salarios, prestaciones, impuestos, vacaciones, capacitación y tiempo.

El software no funciona bajo esas mismas reglas.

Si automatizar termina siendo mucho más barato que contratar, el mercado tendrá un incentivo enorme para sustituir trabajo humano.

Por eso Gates plantea discutir impuestos sobre determinados usos de IA y robots y utilizar parte de esos recursos para financiar reconversión laboral y protección social.

No porque la tecnología sea el enemigo.

Sino porque los incentivos económicos pueden acelerar la sustitución antes de que la sociedad tenga tiempo de adaptarse.

¿Estamos realmente frente a un apocalipsis laboral?

Todavía no podemos afirmarlo.

La OIT estima que aproximadamente uno de cada cuatro trabajadores del mundo está en ocupaciones con algún grado de exposición a IA generativa, pero considera que hoy es más probable que muchos empleos se transformen antes de desaparecer completamente.

El World Economic Forum también proyecta destrucción y creación simultánea de puestos durante esta década.

Pero hay una diferencia enorme entre esas cifras y lo que puede sentir una persona.

Las estadísticas pueden decir que aparecerán nuevos empleos.

El trabajador que pierde el suyo necesita saber:

qué empleo, dónde, cuándo y si tendrá las habilidades para ocuparlo.

Colombia tampoco puede mirar desde la tribuna

El país ya cuenta con el CONPES 4144 de 2025 sobre inteligencia artificial.

Es un avance.

Pero probablemente tendremos que enfrentar preguntas mucho más incómodas.

¿Qué decisiones deben conservar intervención humana?

¿Quién responde cuando una IA perjudica a una persona?

¿Qué hacemos con quienes pierdan su trabajo antes de poder reconvertirse?

¿Y cómo formaremos profesionales si automatizamos precisamente los puestos donde comenzaban sus carreras?

El verdadero riesgo

Quizá el escenario más preocupante de la inteligencia artificial no sea una máquina rebelándose contra nosotros.

Puede ser algo mucho más silencioso.

Una empresa elimina diez cargos.

Otra elimina cien.

Miles de jóvenes descubren que ya no existen las posiciones con las que antes comenzaban sus carreras.

Y lentamente aparece una nueva economía donde ser capaz de trabajar ya no garantiza que alguien necesite contratarte.

Ese sería un cambio histórico.

Por eso creo que estamos haciendo la pregunta equivocada.

No deberíamos preguntar solamente:

“¿Qué trabajos puede hacer la IA?”

También deberíamos preguntarnos:

“¿Qué trabajos y qué decisiones estamos dispuestos a proteger antes de descubrir que ya es demasiado tarde?”

☕ Este café queda servido.

Si mañana tuviéramos que declarar tres actividades como “Human Reserved”, ¿cuáles protegerías?

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Fuentes